Llegaron las vacaciones de Navidad y yo volvi como el turron. Pasaron las fiestas y regrese a Escocia. Dos frases que resumen mas de un mes sin escribir nada por estos lares, y no sera porque no hay nada que contar...
Pero bueno, lo que si que cuenta es que vuelvo a vivir en el quinto pino. Y como me lo he encotrado tras mas de un mes de ausencia?? Pues mas frio, mas oscuro y mucho, pero mucho mas ajetreado.
Para empezar, este nuevo trimestre estoy matriculado de siete asignaturas (si, soy asi de optimista) lo que conlleva mas de veinte horas semanales de clases. Quizas lo peor de todo, al menos en mi caso, es que no estoy acostumbrado a como se organizan en esta universidad. Eso de tener queapuntarse a tutoriales, de tener que rellenar formularios y demas... como que me suena a rollo burocratico y me da una pereza increible. Pero bueno, he dedicado la mayor parte de esta segunda semana para aclarame con el horario, ir a clases y saber mas o menos que se espera quehaga para que apruebe... Por cierto, aprobe los dos examenes que realice antes de vacaciones. Las notas? Una C en ambos casos. Supongo que viene a ser entre un 5 y un 6, pero yo me conformo con que quede bien claro que, en cualquier caso, es un aprobado.
Hoy es viernes, pronto anocechera, hace mucho viento y no para de chispear. Dentro de una hora me llegare al super con unos amigos a comprar los materiales necesarios para organizar una "Sangria Party", acontecimiento necesario para comenzar el fin de semana con buen pie.
Bueno, pronto mas y con mejores detalles, que hoy no estoy para gongorismos.
Abrazos para todos.
Te levantas y, a pesar de que la calefacción ha estado funcionando de tanto en tanto, notas que hace fresquillo. Te duchas y pones la ruleta en el extremo de agua caliente, al máximo. Te secas y te vistes lo más rápido posible, intentando que el vapor que aún desprende tu cuerpo se quede en algún lugar entre tu piel y la ropa. Arreglas la habitación y antes de ir a desayunar abres la ventana para airear el recinto. Sacas la mano por la ventana: hace frío.
Cuando vuelves del desayuno un pingüino emperador podría vivir sin complicaciones en los mismos metros cuadrados que ahora habitas. Cierras la ventana a toda leche y coges tus bártulos para ir a clase. Sales afuera y un viento helado te da en la cara, por si aún no estabas suficientemente despierto. Miras a tu alrededor y ves que el césped esta cubierto de una especie de escarcha. Atraviesas el caminito desde la residencia hacia la clase y, a pesar de toda la ropa que llevas, tienes frío. Muy poco en la parte superior (considerando que llevas camiseta interior, camiseta de mangas largas, sudadera, chaquetón, bufanda y guantes), pero sí en las piernas. Ese maldito viento se cuela por todas partes… Durante el paseíto te cruzas con un par de tíos que van hablando amigablemente. Uno va en vaqueros y camiseta de manga corta, el otro va en calzonas y camiseta de tirantas. Tú los miras con una mezcla de incredulidad y admiración…Escoceses, la raza polar. Llegas al edifico al que te dirigías y notas como la calefacción está a tope. Entras en clase y depositas diez kilos de ropa en el asiento contiguo.
Los distintos edificios de la universidad están en su mayoría unidos por pasillos, de modo que uno tiene que salir en contadas ocasiones durante la jornada. Pero claro, ese momento, el de la salida, llega. Y cuando sales ya es noche cerrada (desde las cinco de la tarde ya lo es) y las temperaturas están más bajas que la testosterona de Boris Izaguirre. Si por la mañana el termómetro marcaba unos “tropicales” 9 grados, ahora esa cifra cae hasta los 6, sin añadir el efecto “cágate lorito” del viento de marras. Y eso en los días que no son especialmente crudos, como hoy.
Yo lo siento, pero mi cuerpo no lleva el climatizador de serie. A mí que devuelvan el dinero o que me lo instalen, pero esto no es normal. Yo vengo de un sitio donde el invierno es una farsa que dura desde diciembre a mediados de marzo. Supongo que cuando vuelva a casa por Navidad podré ir por la calle como un guiri más, en camiseta y bañador.
En fin, que tal y como digo en el título: Señores y señoras, PASO MUCHO FRIIIDOOOOOORRR!!!
Pd: El video para el heroe de la semana
Hoy inauguro sección nueva dedicada a los castillos que vaya visitando durante mi estancia en Escocia. Supongo que esta sección tendrá bastante contenido, visto que aquí cada pueblo (aunque se trate de la pedanía más triste) cuenta con su preceptivo fuerte acorazado y que, para qué negarlo, me encantan este tipo de construcciones. Y qué mejor lugar para empezar que el propio y famoso Castillo de Edimburgo, una majestuosa fortaleza que se alza sobre una colina en el mismísimo centro de Edimburgo, y que constituye el más bello marco para la ajetreada Princes Street.
Lo cierto es que desde llegué a la ciudad he tenido ganas de visitarlo pero nunca encontraba el momento ni la compañía para hacerlo. Que si hoy le viene mal a la mayoría, que si hoy hace un día horrible, exámenes, trabajitos, que si tal día la entrada es gratuita (leyenda urbana que aún no he podido contrastar) etc. De hecho organizamos una visita al castillo pero cuando llegamos se puso un día tan malo que decimos hacer otra cosa (que resultó ser ir al Mary King´s Close).
¿Impresiones? Pues la principal es que el castillo está tan bien conservado que ha perdido parte de su encanto. El lugar es la segunda atracción turística más visitada de Escocia, justo por detrás del Kelvingrove Art Gallarey And Museum de Glasgow, y aún conserva sus raíces militares, ya que es sede del Royal Regiment of Scotland and 52 Infantry Brigada y lugar de celebración del famaso Military Tatoo. Quizás por todo ello la construcción ha recibido especial esmero en su conservación, de manera que parecen que por esos muros no han pasado los años.
Llamadme tonto, pero a mi me gustan que los castillos de más de 500 años parezcan que tienen ese tiempo. Al menos, no sé, que tengan una torre medio derribada o algo… Aquí esta todo taaan en su sitio, impoluto y listo para ser visitado que no te imaginas esas mismas murallas siendo asediadas por tropas enemigas. Y es que es difícil sumergirse en el siglo XVII cuando al lado de una hilera de cañones te encuentras un elegante restaurante ofreciéndote el menú del día. Así que, si bien te privan de la esencia de visitar un castillo, te ofrecen un tranquilo paseo por una impecable fortaleza (mini ciudad casi) desde la que se pueden disfrutar unas maravillosas vistas del centro de Edimburgo. Yo lo he resumido en este pequeño video:
Bonito, sí. Pero, en mi opinión, falto de encanto. Al final, entre fotos, videos y bromas, estuvimos un buen rato en el castillo. Durante ese tiempo visitamos el escaso museo del Real Regimiento del Ejército Escocés (mucha medalla pero nada más…), la capilla de St. Margaret (el edificio más antiguo del conjunto, s.XII), el impresionante Mons Meg (el cañón más grande que he visto en mi vida) y la David’s Tower (donde se ocultaron las joyas de la corona durante la II Guerra Mundial).
Quedaron en el tintero dos de las estancias más importantes del castillo como son la Sala de la Corona, donde se exhiben las joyas de la realeza escocesa y la famosa “Piedra del Destino”, sobre la cual se coronal a los reyes del Reino Unido; así como el “Scottish National War Memorial”, erigido en honor a los caídos en el servicio militar. Lo sé, lo sé, mea culpa… Mi juicio sobre el castillo queda suspendido temporalmente hasta que lo vea al completo. Ya se sabe, basta con que uno hable mal de algo para que se haya perdido una de las maravillas del mundo moderno... Ya imagino vuestros comentarios: “A quien se le ocurre…”, “Eres de lo que no hay…” Pero bueno, al menos me paseé por el “Great Hall”, una sala del s XVI usada por los parlamentarios escoceses para organizar sus reuniones. Hombres de honor que daban lo mejor de sí por su país y se tomaban muy en serio el futuro de Escocia… Así lo reflejo fidedignamente en este documento exclusivo:
Y bueno, con esto acabo mi parcial recorrido por el castillo de Edimburgo, el primero de una serie que espero sea bastante larga. De hecho, ya he visitado el Castillo de Saint Andrews, del que os hablaré en breve. En fin, para despedirme, una breve panorámica de la ciudad desde el Mons Meg.
Lo prometido es deuda, o eso dicen. Y como tampoco es cuestión de hacer enfadar al personal, he aqui el post dedicado al Edimburgo siniestro de catacumbas, peste y fantasmas: Bienvenidos al Mary King's Close.
¿Y qué diantres es eso? diréis, pues es una atracción turística que ha recibido nada más y nada menos que cinco estrellas por su calidad histórica y su ánimo divulgativo.
Ante todo tenemos que explicar que los "closes" son los estrechos callejones que comunican algunas calles del centro de Edimburgo, auténticos pasillos tenebrosos y oscuros... de esos que por la mañana te echas una foto en plan coña pero por la noche... como que no hay huevos de coger este atajo tan "prometedor". Estos closes albergaban casas de alquiler para gente obrera, generalmente pobre, y llegaban a tener hasta siete pisos de altura.
Uno de estos callejones, sobresaliente entre el resto por lo que esconde en sus entrañas, es el Mary King's Close, asi llamado en honor a Mary King, ciudadana destacada, madre sufrida y comerciante de exito, que incluso gozo del derecho a voto. Es en este callejon en el que se encuentra sita la atracción que mencioné antes, y que consta en una visita guiada a través del Edimburgo que yace en el subsuelo, toda una ciudad fantasmal que habla en primera persona sobre la vida en la Escocia de los siglos XVII yXVIII. Toda una oportunidad para viajar en el tiempo por tan solo 8.5 libras, como para perdérselo.
El hecho es que en 1750, bajo la necesidad de organizar la creciente y caotica actividad economica del Edimburgo de la epoca junto con el estado ruinoso de muchos de los "closes", llevaron a que las autoridades decidieran remodelar toda la zona construyendo el llamado "Royal Exchange". Para ello derribaron las casas que daban a la superficie, mientras que algunas de las subterraneas fueron utilizadas como cimientos para la nueva construccion. El resto de viviendas fueron condenadas al olvido, bajo la superficie de la ciudad.
Desde entonces hasta el 2003, esta parte de la historia de Edimburgo se habia perdido en el olvido, y fue entonces cuando las viviendas y calles sepultadas durante siglos volvieron a la vida en forma de atraccion turistica. Quien les iba a decir a los pobres habitantes de estos callejones subterraneos que doscientos anos mas tarde la gente pagaria por ver sus casas...
Pero basta de clases de Historia, no? Supongo que la cuestion aqui es ver cual es mi impresion al respecto, si me tope con un fantasma que me asustara mas que los precios de la comida en Escocia y cosas asi... Lo primero es hablar sobre el lugar. La atraccion en si esta en plena Royal Mile, un enclave fantastico y todo un punto de referencia para el "turismo paranormal". Los tours basados en el terror proliferan como setas por esa zona, y el de Mary tiene una gran reputacion. Lo mejor para visitar el close en grupo es reservar una visita guiada y no tener que quedarte esperando a que se junten varias personas para formar un grupo y que te dejen pasar... cosa que puede llegar a desesperar. Asi que uno va, reserva, paga y le citan para un par de horitas. Al rato vuelves y todo esta listo, audio-guias incluidas.
A cada grupo le asignan uno de los guias disponibles, cada uno de los cuales representa un estamento y una historia propia del vecindario. A nosotros nos toco Stephen Boyd, "el mercader" que, tras presentarse (y recordar educadamente que de fotos y videos nasti de plasti) nos invito a sumergirnos en un mundo de oscuridad, misterio y sordidez. Una estrecha escalera de piedra nos conduce varios metros dentro de las entranas de Edimburgo. Las reglas son claras: no toquen nada, no se salgan de la visita establecida, cuidado con su cabeza y cuidado con sus pies.
La visita, de alrededor de una hora de duracion, nos condujo hacia distinas habitaciones y departamentos del lugar, guiados unicamente por la voz de nuestro guia y por las pocas y tenues luces que lo alumbran. En algunos de estos singulares escenarios, figuras a escala real simulanpasajes violentos, como el asesinato de un hombre a mano de su mujer y su suegra. En otros, un inspirado juego de sombras sirve como recurso para ilustrar la vida y los personajes que vivieron y murieron entre esas paredes.
De toda la visita, tres son los lugares que quedaron en mi memoria. El primero es la escena que representa al doctor visitando a los enfermos de peste. Al contrario de lo que se dice para fomentar el misterio sobre estos pasadizos, los enfermos no eran encerrados ahi para que se murieran en la mas triste soledad. Mas bien al contrario, los habitantes de Edimburgo estaban bien instruidos sobre que hacer en caso de epidemia. Para no propagarla, cada afectado se encerraba en su casa y colgaba una bandera blanca en su ventana, de modo que senalizaba los puntos en los que los demas vecinos debian suministrar comida y agua y donde el doctor debia pasarse. Quizas lo mas impactante era la vestimenta de los propios doctores, ya que si no te morias de peste te morias del susto... Creyendo que la peste se transmitia por los "malos aires", el Dr George Rae diseno un traje de cuero que tapaba desde la cabeza a los pies, y que se completaba con guantes de cuero y con una acojonante mascara en forma de pajarraco satanico... Toda una alegria para los enfermos, vaya. Ni el mismisimo Patch Adams lo habria hecho mejor. Lo curioso del caso es que, aunque la peste no se transmitia por via aerea, el traje de marras evitaba las mordeduras de las ratas, verdaderas causantes de la epidemia.
El segundo lugar digno de mencionar es la habitacion de una pequena nina que (dicen... porque ya se sabe) fue abandonada por su padres en un oscuro rincon, donde murio de peste y pena. Los expertos sub paranormales afirman que es un punto caliente de actividad extrasensorial... de manera que el sitio esta a rebosar de juguetes y munecas que los visitantes van dejando. Una chica, nos conto nuestro guia, sintio como su bufanda se revolvia sin parar desde que entro en la habitacion, asi que decidio dejarla como ofrenda. Yo note que nadie prestaba mucha atencion a la caja que contenia los donativos, asi que lo interprete como una senal de la pequena... pero no quise tentar a mi suerte (y tampoco era muy discreto salir del lugar con cien libras en monedas de cinco peniques...)
El tercer y ultimo sitio especial para un servidor, es precisamente el que marca el final de la visita. Toda una calle intacta, tal y como fue sepultada mas de doscientos anos atras. En ella vivia un rico comerciante, cuya casa no ha sido tocada desde que fue obligado a desalojarla. Su majestuosa puerta de madera, por la que parecen no haber pasado los siglos, aun guarda la marca de las bisagras y el llamador de oro que fueron arrancados antes de la marcha. Desde el quicio se pueden observar a vista de linterna, los desvanecidos grabados de las paredes y el ajado papel pintado del salon principal. Y por si fuera poco, todo el espectaculo se presencia desde una larga y autentica calle en cuesta, con sus sumideros para el agua de lluvia, sus balcones y sus adoquines. Creo que es lo mas cerca que alguien del siglo XXI puede estar en el siglo XVIII.
Si, esto esta "tal cual" varios metros por debajo de las calles de Edimburgo. Como supondreis, la claridad de la foto se debe a unos buenos focos colocados oportunamente para el momento. En la practica, te encuentras en un callejon oscuro, humedo y con olor a cerrado...
En proximas entregas: el castillo de Edimburgo.
I saw a beard bear drinking beer... Digo, hasta la proxima.
Pues si, mas de hecho. Un mes y diez dias para ser exactos. 40 dias viviendo en el quinto pino...Se ha pasado rapido, senal inequivoca de que el negocio marcha. Es cierto que las primeras semanas son las peores. Ciudad nueva, dormitorio nuevo, otro idioma, no conoces a nadie, echas de menos a la familia... Pero tras un periodo de descompresion suficiente te acostumbras, pillas la rutina y todo va sobre ruedas.
Y ha sido hoy, 5 de Noviembre, el dia en que los anglocabrones celebran que Guy Fawkes casi les revienta el Parlamento, que me he dado cuenta de que no habia dicho nada al respecto en este abandonado blog... Bueno, pues escrito queda: "Sigo vivito y coleando, ya podeis ir rezando".
En breve os subire dos articulillos nuevos, y esta vez os lo juro por Snoopy.
Hay algunos libros, películas, canciones, etc. tan famosos que casi se han convertido en un conocimiento “obligatorio” para el más común de los mortales. Y en el mundo del teatro, y más concretamente en el del musical, “Cats” es toda una institución. Y mira que bonita coincidencia que se dieron cita en Edimburgo un tío que no la había visto, es decir yo, y la gira nacional de la obra por el Reino Unido. Oportunidades así no se deben dejar pasar…
Así que con el ánimo de zambullirme en el mundo de los gatos que cantan y danzan me dirigí al Edinburgh Playhouse, un elegante y coqueto teatro situado en uno de los extremos de Princes Street. Allí compré mi entrada por 10 libras. La mejor elección para cualquiera que compre entradas para ese mismo día es solicitar el ticket “standing”, con el que consigues aquellos sitios que han ido quedando sin cubrir por el teatro. A mi me tocó la fila Q butaca 17, que en el plano parecía respetablemente lejana del escenario, pero que resultó sorprendentemente cercana.
La obra comenzaba a las 19:30, así que un servidor se citó a las siete en la entrada con el resto de asistentes, un homogéneo grupo de españoles, franceses y alemanes. Con un frío que ya hace pensar que diciembre va a ofrecer de todo menos “calor de hogar”, nos adentramos en el Edinburgh Playhouse y pasamos sin apenas tener que mostrar nuestras entradas. De hecho, aún tengo la entrada sin picar, como si nunca la hubiera utilizado.
El teatro está decorado a base de madera, todo en tonalidades oscuras, predominando el rojo oscuro y el morado. La primera impresión es que era pequeñito. La segunda impresión es que era muy coqueto. Tras una hora de representación me dio la impresión de que alguien se había equivocado con la escala del mapa y había construido un recinto para enanos o representaciones infantiles. Sí, lo sé, qué exagerado soy!! Bueno, para que os hagáis una idea, es como si te sientas bien erguido (nada de “plan resbalao”) y notas como el respaldo de la butaca de adelante se te clava en las rótulas. Como digo, no muy confortable. Pero como todo inconveniente tiene un revés positivo, la reducción del espacio habitable por espectador venía pareja con la reducción del teatro en sí, de modo que la famosa fila Q estaba bastante cerca del escenario. Siendo localistas, y para entendernos, es como si te dan la fila 5 del Gran Teatro Falla de Cádiz.
Asi de cerca estaba nuestra fila del escenario. La foto es mala, se ve poco y no esta enfocada... En mi descargo dire que el acomodador ya me habia llamado la atencion por hacer (o mas bien intentar) hacer fotos dentro del teatro... Al menos tengo una, jejeje.
Poco a poco el aforo se fue completando y, aunque quedaran bastantes butacas por cubrir, la velada reunió a un buen grupito de personas. A la hora convenida empezó el espectáculo. En el escenario se representa un chatarrero, con sus trastos viejos y oxidados de un tamaño bastante grande, acorde con la escala que deberían tener al lado de un gato. En el fondo, una gran luna llena ilumina la escena. El tema central de la obra, que estoy seguro habréis escuchado alguna vez, atrona la sala y un vistoso juego de luces abre paso a un desfile de gatos que se pasean entre la platea. Los actores se deslizan entre el público maullando. En la cabeza llevan unos leds amarillos que simulan los ojos de un gato en la oscuridad.
Pronto, tan ágiles como han entrado se suben al escenario y empiezan su primer número. Éste enlazará uno tras otro hasta el final en una sucesión de canciones y coreografías muy elaboradas, algunas realmente sorprendentes, que alternan distintos tipos de música con gags, la participación de los espectadores, y, especialmente, la historia de cada uno de los gatos de este singular chatarrero.
Supongo que expuesto así os podéis preguntar de qué va realmente “Cats”. La respuesta es muy sencilla: de pasarlo bien. Es más una experiencia visual y auditiva que una historia cantada. Y ciertamente a mi me costó la primera mitad de la obra llegar a entender este concepto. Me explico. Uno llega allí ajeno a lo que va a ver, intuyendo que ver bailar a hombres creciditos en un mono ceñido puede ser todo un shock, y, en definitiva, receptivo a todo lo que se le ofrezca. El show comienza y entramos en la fase 2, esto es, entender la letra de las canciones. Si cuando fui al cine salí orgulloso de mi mismo por haber entendido todo a la perfección, lo de “Cats” fue un querer y no poder. Uno puede llegar a entender medianamente lo que canta un solista, pero cuando se juntan veinte voces al unísono con una canción en verso… Bueno, como que tengo que darme un poco de tiempo para llegar a ese nivel… Eso siendo autocomplaciente.
Tras pillar alguna frase suelta entramos en la fase 3: ¿De qué va todo esto?. Aparentemente de nada. Ha salido un gato que ha presentado a otro gato que a su vez tiene como amigo a otro gato… y cada uno canta una canción sobre sí mismo. Mmmm… ¿Qué opina usted Watson? Bueno, Holmes… tenemos dos opciones, una es que no has entendido nada por ser un cenutrio… la segunda es que realmente la obra va de eso mismo, de conocer gatos. Y con esta duda existencial digna del mismo Santo Tomás de Aquino llegamos al descanso.
Como no podía ser de otro modo, por razones sanitarias relativas a no perder la circulación de mis extremidades inferiores, me levanté a dar una vueltecita y a charlar con mis otros colegas. Al final todos llegaron a la conclusión de que efectivamente la obra iba simple y llanamente de ver números musicales protagonizados por gatos. Esto calmó mis dudas y me dispuso a ver el espectáculo con otros ojos. Ojos de gato, por decirlo de algún modo.
Así que, tras el correspondiente toque de atención, decidí que la mejor táctica para disfrutar de la experiencia era dejarse perder en ese juego sin fin. No trates de entenderlo todo. No intentes buscar un hilo argumental. Pásalo bien. Y funcionó. “Cats”, desde una perspectiva meramente lúdica, es toda una atracción. Pirotecnia, juegos visuales, interacción…Entretenimiento para toda la familia, humor blanco. Un circo en un teatro.
Punto y aparte son la veintena de integrantes de la compañía, que demostraron una entrega y una calidad artística increíble. Sus voces son sencillamente magistrales, y sus coreografías son todo un deleite para la vista. Ciertamente algunos sobresalían sobre otros de manera más que evidente, en especial el protagonista, el gato “rockero” y la gata repudiada. Esta última se marcó un solo con el tema “Memories” que me río yo de más de un cantante consolidado.
En fin, tras dos horas de show, la fantasía se acabó y regresamos al frío exterior. Como balance solo queda unas 10 libra muy bien invertidas. Cierto que no es mi género preferido, que el autor podría haber articulado una mínima historia de amor, y que la música podría haber sido en directo… pero la experiencia de ir al teatro, de sentir en primera persona una historia en tiempo real… Eso no tiene precio.
En fin, así fue mi noche de gatos particular.
Pd1: Frau, eres el más grande. Hoy me tomaré una pinta a tu salud.
Pd2: Sé que este post debería ser sobre las catacumbas… Lo prometí. Bueno, mentí. Ja Ja Ja.
Para que os hagáis una buena idea de "Cats":
En fin, esto es todo. Por el momento...
Después de muchos tientos y paseos que no acababan en ninguna parte, y tras haber conocido a un grupo considerable de personas (españolas y de otros países), por fin hemos hecho una excursión en condiciones. Y que mejor para empezar que desde un punto lo suficientemente alto como para observar la ciudad a nuestros pies, esa misma ciudad que planeamos conocer poco a poco y a la que estaremos irremediablemente atados durante este año y buena parte del que viene. Supongo que sin proponérnoslo hemos iniciado nuestras excursiones desde lo más general para luego centrarnos en lo más concreto. Mmmm... Demasiado matemático para mi gusto... Estos ingenieros empiezan a influenciarme.
Bueno, a lo que iba. El punto en cuestión es el llamado "Arthur's Seat", el punto más alto (251 m) del Holyrood Park, un antiguo coto de caza de la realeza escocesa reconvertido en un parque de 263 hectáreas, es decir, minúsculo. Con el propósito de tomar tan prometedora cima, los chicos y chicas del Lord Thomson Hall se levantaron, asearon, se prepararon una opípara comida y se dirigieron al monumento de Wellington, nuestro punto de encuentro con el "segundo equipo de escalada".
Una vez reunidos, nos encaminamos hacia el Arthur's Seat, atravesando la tranquila, elegante y comercial Royal Mile, en pleno centro de Edimburgo. Dicho paseo nos condujo hacia el Parlamento Escoces, un edificio de arquitectura singular, innovadora (ergo "para gustos...") que contrasta con el resto de edificios clasicos de toda la zona.
Llegar al Parlamento supuso un choque visual en todos los sentidos, no solamente por el diseno del edificio en si mismo, sino porque se encuentra inserto en una precisa zona ajardinada que colinda casi pared con pared con la propia montana. De hecho, esta es la vista que gozan los parlamentarios:
Una vez llegados a este punto los franceses se pararon a respirar el aire puro del campo, los alemanes se maravillaron de la belleza de la madre Tierra y los espanoles... bueno, nosotros paramos a un viandante para preguntarle donde demonios se pillaba el teleferico... Ah, vale, que aqui no tienen de eso... En fin, se evidenciaba que no nos quedaba otra que hacer el camino a la vieja usanza: con traccion a las dos patas. Y, en fin, como no era momento de quedar mal ante nuestros colegas europeos, me dispuse animica y mentalmente a tener que subir lo que ha sido, no me cabe la menor duda, la superficie mas alta que he subido y subire en mi vida por mis propios medios. Lo se, esto no dice nada saludable de mi... pero tampoco voy a mentiros a vosotros, seria como mentirme a mi mismo.
Con todo, y para hacer honor a la verdad, he de decir que la subida al Arthur's Seat se realiza a traves de varios senderos trazados a tal efecto, que si bien no son la panacea de la accesibilidad, tampoco requieren mucho mas que una forma fisica media tirando a chunga. A pesar de ello, no os negare que a mitad de camino habria pagado lo que sea con tal de alquilar un helicoptero que me transportara a la cima... Lo curioso del tema es que en los tramos mas empinados uno intentaba pateticamente mantener el tipo y avanzar mientras que un octogenario escoces sonriente pasaba por tu lado como si estuviera dando un paseo por la orilla de la playa... Efectos del uso abundante del zumo de cebada? Sorpendentes consecuencias del uso abusivo del whisky? Quien sabe... Yo solo se que mi cuerpo me decia: "Macho, si querias salir en "Al filo de lo imposible" vete olvidando..."
Pero basta de divagaciones vagas y torpes, vayamos a los hechos. Una vez que avanzamos un poco llegamos a nuestra primera parada oficial: una preciosa vista de la ciudad desde una cima en la que se asientan los restos de una antigua abadia. Un escueto letrero nos informa de que la abadia tiene unos antecedentes misteriosos... Supongo que pensarian que decir que se quedo asi debido a la falta de fondos no transmitiria mucho gracejo escoces... (y acertaron, porque aunque todos sepamos que es mentira cochina... vaya, queda guay, no?) Y ahi, en la foto siguiente, esta uno haciendo el guiri, faltando el respeto a cualquier edificio ruinoso (religioso o no) con tal de tener el recuerdo. El individuo gris soy yo, y el de la derecha es David, miembro honorifico de la Spanish Embassy por derecho propio y nuestro chef oficial.
Tras las fotitos y el remoloneo, Christian, nuestro guia oficial, saco el latigo de siete puntas y nos obligo a seguir adelante. Lo que restaba era una buena caminata hacia la cima, durante la cual disfrutamos de unas grandiosas vistas y de un inesperado espectaculo gracias a un profesor universitario que probaba su prototipo de cohete casero. Apuesto a que el tampoco esperaba tener a un buen grupo de espanoles con ganas de cachondeo como publico. Tal fue nuestro entusiasmo que acabamos aplaudiendo y pidiendole que repitiera el truco, para lo cual desempolvamos nuestro perfecto ingles para corear "Other, other, other..." Si amigos, asi de mal estan las cosas... David, por lo bajito, me susurro: "Oye, pero no es mas correcto decir 'Again'"... Creo que Shakespeare se esta revolviendo en su tumba. Y con razon.
El final de nuestra aventura acabo donde se suponia: en la cima de Edimburgo. Y tengo una foto para demostrarlo:
Que demonios, tengo un video!!!
Vaale, no es un gran video, pero estamos trabajando en ellouuu.Finalmente, para acabar con este dia, nuestro grupo decidio acabar la jornada visitando el emblematico parque de Calton Hill, fruto de todas las postales habidas y por haber. Yo lo retrate asi:
Y con esto y un ocho, tenemos un bizcocho. Un dia productivo, si senor. Espero que lo hayais disfrutado tanto como yo. En proximas entregas os hablare del Edimburgo mas siniestro... el que se esconde bajo tierra... Estaremos en contacto.
En cuanto a las faltas de ortografia... ya sabeis: teclado escoces, todo sale al reves.
So long
La ultima vez que conte mis aventuras os deje con la miel en los labios, sin saber muy bien que pasaria con el "heroe" de la historia (tengo que subirme la moral...), perdido entre autobuses y hostales de mala muerte. Hoy han pasadoseis dias desde que llegue a Edimburgo, y puede decirse que las cosas han mejorado bastante.
Para empezar, y mas importante, al dia siguiente volvimos a la "Accomodation Office" de la facultad, donde la entranable Janice Brook (perfecto sosias de Shirley McLane) nos informo de que gracias a varias cancelaciones de ultima hora podiamos quedarnos con una habitacion para todo el curso. No os podeis hacer idea de la alegria que me dio aquello, ya que yo me veia de vuelta a otro hostal de pesadilla...
Tras firmar el pertinente contrato y recoger nuestras llaves, nos dirigimos a nuestro nuevo hogar, una confortable habitacion que incluye cama (con almohada, bajera y nordico), mesilla con flexo, escritorio, estanteria, telefono, cuarto de bano y multiples enchufes. A pesar de que creia que me costaria dormir en una cama nueva a dos mil kilometros de mi casa, hasta ahora no he tenido el mas minimo problema para conciliar el sueno. Cosas de estar todo el dia de arriba para abajo, supongo... El caso es que al tener una "base de operaciones" fija (pa mi pa siempre, como se suele decir) pude deshacer mi maleta, sentarme un rato, mirar por la ventana y pensar con calma que tenia que hacer para organizar un ano entero en Escocia.
Lo primero e inevitable fue pasar por los tramites burocraticos, empezando por matricularme en la Universidad. Matriculacion?? Para cualquiera que estudie en una facultad "tipo" en Espana sabra que eso puede ser un proceso lento y doloroso... Una secretaria (una sola, la otra esta de compras) se toma con calma el registro de los miles de estudiantes que hacen cola frente a su mini-ventanilla. A las 12 se ira a tomar un cafe, volvera en cuarenta minutos y cerrara a las dos menos cuarto. Que como es el proceso en esta Universidad?? Pues a lo grande, como todo por aqui. El proceso de matriculacion se divide en seis etapas principales, cada una de las cuales esta indicada con su correspondiente numero, y en la que trabajan simultaneamente un buen grupo de oficinistas. Las colas, organizadas igual que un parque tematico, son agiles y no dan lugar a confusion. El resultado?? En un visto y no visto te ves matriculado, te han imprimido tu carnet de estudiante (cuanto tiempo lleva eso en la UCA!!!!) y ya eres oficialmente miembro de la comunidad estudiantil. Libre para volver a tu casa, siguiendo este camino:
Ese es el Lord Thomson Hall, mi residencia, situada al final de todo el campus. Una vez mas vivo en el quinto pino... del quinto pino. Y dentro de ese edificio (mucho mas grande de lo que se en el video) hay, entrando a mano izquierda, un pequeno pasillo habitado por unos irreductibles hispanos... "La Spanish Embassy". Fue curioso como se formo esta singular "no oficial" embajada espanola. En principio el pasillo estaba habitado por un servidor y Jose, flamantes ocupantes de las habitaciones G23 y G22. Sabiamos que habia un habitante mas, porque la puerta no tenia la pertinente publicidad y porque habia cosillas enla nevera de la cocina comunitaria, pero el susodicho era (y es) mas reservado que el sumario del caso Malaya.
Pocas horas mas tarde oimos ruido en el pasillo y nos asomamos para ver si teniamos nuevo companero (una brasilena espectacular o algo por el estilo), y efectivamente asi era, pero en la forma de un tio encantador de Girona, Christian, que vino a sumar un elemento patrio mas al pasillo, con lo que ya eramos oficialmente mayoria espanola. Lo que paso luego fue que los espanoles companeros de Christian en el Master que ha venido a hacer se han ido sumando poco a poco, al igual que otros espanoles del edificio. Asi que nuestro pasillo es casi una pena (lease con n~, por favor) independiente del resto del (silencioso y aburrido) edificio en el que nos ha tocado vivir. No quiero ni pensar lo que pasara en cuanto empecemos a cocinar gazpacho o cosas por el estilo...
A dia de hoy nuestro pasillo ya se ha completado con el ultimo inquilino, que parece ser (segun testimonios) un asiatico aun mas esquivo que el otro, que resulto ser de oriente medio (y medio orientado tambien, ya me entendeis). Supongo que los pobres han caido en el pasillo equivocado... Mientras tanto, nuestra practica del ingles se reduce a niveles insospechados como podreis suponer... pero es genial sentirte como en casa a tantos kilometros de Espana.
En fin, se que estais deseando fotos de la ciudad y que os cuente que tal es esto y aquello, pero eso tendra que esperar a proximas entregas.
No obstante, no puedo dejar de colgar aqui, aunque no venga a cuento, algo que le levantaria el animo a cualquiera:
A mas ver.
