Noche de "Gatos"
Hay algunos libros, películas, canciones, etc. tan famosos que casi se han convertido en un conocimiento “obligatorio” para el más común de los mortales. Y en el mundo del teatro, y más concretamente en el del musical, “Cats” es toda una institución. Y mira que bonita coincidencia que se dieron cita en Edimburgo un tío que no la había visto, es decir yo, y la gira nacional de la obra por el Reino Unido. Oportunidades así no se deben dejar pasar…
Así que con el ánimo de zambullirme en el mundo de los gatos que cantan y danzan me dirigí al Edinburgh Playhouse, un elegante y coqueto teatro situado en uno de los extremos de Princes Street. Allí compré mi entrada por 10 libras. La mejor elección para cualquiera que compre entradas para ese mismo día es solicitar el ticket “standing”, con el que consigues aquellos sitios que han ido quedando sin cubrir por el teatro. A mi me tocó la fila Q butaca 17, que en el plano parecía respetablemente lejana del escenario, pero que resultó sorprendentemente cercana.
La obra comenzaba a las 19:30, así que un servidor se citó a las siete en la entrada con el resto de asistentes, un homogéneo grupo de españoles, franceses y alemanes. Con un frío que ya hace pensar que diciembre va a ofrecer de todo menos “calor de hogar”, nos adentramos en el Edinburgh Playhouse y pasamos sin apenas tener que mostrar nuestras entradas. De hecho, aún tengo la entrada sin picar, como si nunca la hubiera utilizado.
El teatro está decorado a base de madera, todo en tonalidades oscuras, predominando el rojo oscuro y el morado. La primera impresión es que era pequeñito. La segunda impresión es que era muy coqueto. Tras una hora de representación me dio la impresión de que alguien se había equivocado con la escala del mapa y había construido un recinto para enanos o representaciones infantiles. Sí, lo sé, qué exagerado soy!! Bueno, para que os hagáis una idea, es como si te sientas bien erguido (nada de “plan resbalao”) y notas como el respaldo de la butaca de adelante se te clava en las rótulas. Como digo, no muy confortable. Pero como todo inconveniente tiene un revés positivo, la reducción del espacio habitable por espectador venía pareja con la reducción del teatro en sí, de modo que la famosa fila Q estaba bastante cerca del escenario. Siendo localistas, y para entendernos, es como si te dan la fila 5 del Gran Teatro Falla de Cádiz.
Asi de cerca estaba nuestra fila del escenario. La foto es mala, se ve poco y no esta enfocada... En mi descargo dire que el acomodador ya me habia llamado la atencion por hacer (o mas bien intentar) hacer fotos dentro del teatro... Al menos tengo una, jejeje.
Poco a poco el aforo se fue completando y, aunque quedaran bastantes butacas por cubrir, la velada reunió a un buen grupito de personas. A la hora convenida empezó el espectáculo. En el escenario se representa un chatarrero, con sus trastos viejos y oxidados de un tamaño bastante grande, acorde con la escala que deberían tener al lado de un gato. En el fondo, una gran luna llena ilumina la escena. El tema central de la obra, que estoy seguro habréis escuchado alguna vez, atrona la sala y un vistoso juego de luces abre paso a un desfile de gatos que se pasean entre la platea. Los actores se deslizan entre el público maullando. En la cabeza llevan unos leds amarillos que simulan los ojos de un gato en la oscuridad.
Pronto, tan ágiles como han entrado se suben al escenario y empiezan su primer número. Éste enlazará uno tras otro hasta el final en una sucesión de canciones y coreografías muy elaboradas, algunas realmente sorprendentes, que alternan distintos tipos de música con gags, la participación de los espectadores, y, especialmente, la historia de cada uno de los gatos de este singular chatarrero.
Supongo que expuesto así os podéis preguntar de qué va realmente “Cats”. La respuesta es muy sencilla: de pasarlo bien. Es más una experiencia visual y auditiva que una historia cantada. Y ciertamente a mi me costó la primera mitad de la obra llegar a entender este concepto. Me explico. Uno llega allí ajeno a lo que va a ver, intuyendo que ver bailar a hombres creciditos en un mono ceñido puede ser todo un shock, y, en definitiva, receptivo a todo lo que se le ofrezca. El show comienza y entramos en la fase 2, esto es, entender la letra de las canciones. Si cuando fui al cine salí orgulloso de mi mismo por haber entendido todo a la perfección, lo de “Cats” fue un querer y no poder. Uno puede llegar a entender medianamente lo que canta un solista, pero cuando se juntan veinte voces al unísono con una canción en verso… Bueno, como que tengo que darme un poco de tiempo para llegar a ese nivel… Eso siendo autocomplaciente.
Tras pillar alguna frase suelta entramos en la fase 3: ¿De qué va todo esto?. Aparentemente de nada. Ha salido un gato que ha presentado a otro gato que a su vez tiene como amigo a otro gato… y cada uno canta una canción sobre sí mismo. Mmmm… ¿Qué opina usted Watson? Bueno, Holmes… tenemos dos opciones, una es que no has entendido nada por ser un cenutrio… la segunda es que realmente la obra va de eso mismo, de conocer gatos. Y con esta duda existencial digna del mismo Santo Tomás de Aquino llegamos al descanso.
Como no podía ser de otro modo, por razones sanitarias relativas a no perder la circulación de mis extremidades inferiores, me levanté a dar una vueltecita y a charlar con mis otros colegas. Al final todos llegaron a la conclusión de que efectivamente la obra iba simple y llanamente de ver números musicales protagonizados por gatos. Esto calmó mis dudas y me dispuso a ver el espectáculo con otros ojos. Ojos de gato, por decirlo de algún modo.
Así que, tras el correspondiente toque de atención, decidí que la mejor táctica para disfrutar de la experiencia era dejarse perder en ese juego sin fin. No trates de entenderlo todo. No intentes buscar un hilo argumental. Pásalo bien. Y funcionó. “Cats”, desde una perspectiva meramente lúdica, es toda una atracción. Pirotecnia, juegos visuales, interacción…Entretenimiento para toda la familia, humor blanco. Un circo en un teatro.
Punto y aparte son la veintena de integrantes de la compañía, que demostraron una entrega y una calidad artística increíble. Sus voces son sencillamente magistrales, y sus coreografías son todo un deleite para la vista. Ciertamente algunos sobresalían sobre otros de manera más que evidente, en especial el protagonista, el gato “rockero” y la gata repudiada. Esta última se marcó un solo con el tema “Memories” que me río yo de más de un cantante consolidado.
En fin, tras dos horas de show, la fantasía se acabó y regresamos al frío exterior. Como balance solo queda unas 10 libra muy bien invertidas. Cierto que no es mi género preferido, que el autor podría haber articulado una mínima historia de amor, y que la música podría haber sido en directo… pero la experiencia de ir al teatro, de sentir en primera persona una historia en tiempo real… Eso no tiene precio.
En fin, así fue mi noche de gatos particular.
Pd1: Frau, eres el más grande. Hoy me tomaré una pinta a tu salud.
Pd2: Sé que este post debería ser sobre las catacumbas… Lo prometí. Bueno, mentí. Ja Ja Ja.
Para que os hagáis una buena idea de "Cats":
En fin, esto es todo. Por el momento...


Pollo dijo
Hola masa, lo estabas buscando y aquí lo tienes: toyoootaa... digo, tus comentarios.
Escucha, el video del musical me ha quitado las ganas de verlo que me dio la lectura del post... Algún día quizá.
De todas formas tuvo que ser una pasada ir al teatro de noche en Edimburgo. Bueno, saludos desde el más acá.
26 Octubre 2007 | 04:09 PM