Hoy inauguro sección nueva dedicada a los castillos que vaya visitando durante mi estancia en Escocia. Supongo que esta sección tendrá bastante contenido, visto que aquí cada pueblo (aunque se trate de la pedanía más triste) cuenta con su preceptivo fuerte acorazado y que, para qué negarlo, me encantan este tipo de construcciones. Y qué mejor lugar para empezar que el propio y famoso Castillo de Edimburgo, una majestuosa fortaleza que se alza sobre una colina en el mismísimo centro de Edimburgo, y que constituye el más bello marco para la ajetreada Princes Street.
Lo cierto es que desde llegué a la ciudad he tenido ganas de visitarlo pero nunca encontraba el momento ni la compañía para hacerlo. Que si hoy le viene mal a la mayoría, que si hoy hace un día horrible, exámenes, trabajitos, que si tal día la entrada es gratuita (leyenda urbana que aún no he podido contrastar) etc. De hecho organizamos una visita al castillo pero cuando llegamos se puso un día tan malo que decimos hacer otra cosa (que resultó ser ir al Mary King´s Close).
¿Impresiones? Pues la principal es que el castillo está tan bien conservado que ha perdido parte de su encanto. El lugar es la segunda atracción turística más visitada de Escocia, justo por detrás del Kelvingrove Art Gallarey And Museum de Glasgow, y aún conserva sus raíces militares, ya que es sede del Royal Regiment of Scotland and 52 Infantry Brigada y lugar de celebración del famaso Military Tatoo. Quizás por todo ello la construcción ha recibido especial esmero en su conservación, de manera que parecen que por esos muros no han pasado los años.
Llamadme tonto, pero a mi me gustan que los castillos de más de 500 años parezcan que tienen ese tiempo. Al menos, no sé, que tengan una torre medio derribada o algo… Aquí esta todo taaan en su sitio, impoluto y listo para ser visitado que no te imaginas esas mismas murallas siendo asediadas por tropas enemigas. Y es que es difícil sumergirse en el siglo XVII cuando al lado de una hilera de cañones te encuentras un elegante restaurante ofreciéndote el menú del día. Así que, si bien te privan de la esencia de visitar un castillo, te ofrecen un tranquilo paseo por una impecable fortaleza (mini ciudad casi) desde la que se pueden disfrutar unas maravillosas vistas del centro de Edimburgo. Yo lo he resumido en este pequeño video:
Bonito, sí. Pero, en mi opinión, falto de encanto. Al final, entre fotos, videos y bromas, estuvimos un buen rato en el castillo. Durante ese tiempo visitamos el escaso museo del Real Regimiento del Ejército Escocés (mucha medalla pero nada más…), la capilla de St. Margaret (el edificio más antiguo del conjunto, s.XII), el impresionante Mons Meg (el cañón más grande que he visto en mi vida) y la David’s Tower (donde se ocultaron las joyas de la corona durante la II Guerra Mundial).
Quedaron en el tintero dos de las estancias más importantes del castillo como son la Sala de la Corona, donde se exhiben las joyas de la realeza escocesa y la famosa “Piedra del Destino”, sobre la cual se coronal a los reyes del Reino Unido; así como el “Scottish National War Memorial”, erigido en honor a los caídos en el servicio militar. Lo sé, lo sé, mea culpa… Mi juicio sobre el castillo queda suspendido temporalmente hasta que lo vea al completo. Ya se sabe, basta con que uno hable mal de algo para que se haya perdido una de las maravillas del mundo moderno... Ya imagino vuestros comentarios: “A quien se le ocurre…”, “Eres de lo que no hay…” Pero bueno, al menos me paseé por el “Great Hall”, una sala del s XVI usada por los parlamentarios escoceses para organizar sus reuniones. Hombres de honor que daban lo mejor de sí por su país y se tomaban muy en serio el futuro de Escocia… Así lo reflejo fidedignamente en este documento exclusivo:
Y bueno, con esto acabo mi parcial recorrido por el castillo de Edimburgo, el primero de una serie que espero sea bastante larga. De hecho, ya he visitado el Castillo de Saint Andrews, del que os hablaré en breve. En fin, para despedirme, una breve panorámica de la ciudad desde el Mons Meg.

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